viernes, 13 de marzo de 2009

Bienvenido a la casa de la insumisión latinoamericana

Estimados amig@s
En este lugar exhibiré lo que trabajo cotidianamente para más tarde publicarlo, es la usina de las ideas, la maquila de las palabras, la confección del pensamiento, el diseño de los productos que www.insumisos.com da a conocer,
saludos afectuosos
Robinson

6 comentarios:

  1. Gracias por irradiar con la luz del conocimiento. Esa luz que marca el sendero hacia los rincones más enigmáticos y que conducen a la trascendencia del ser humano. Cariños
    Leonor

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  2. JORGE JAUREGUI, EL URBANISTA ARGENTINO QUE BATALLA CONTRA LOS MUROS EN LAS FAVELAS DE BRASIL
    “Es una capitulación del poder público”

    El arquitecto lleva dos décadas en Brasil y es un ferviente opositor a la construcción de muros como forma de frenar el crecimiento de los barrios pobres. Aquí analiza el significado urbano, social y político de una medida de ese tipo.
    Por Soledad Vallejos

    “Los muros siempre son contra alguien”, señala el arquitecto Jorge Jáuregui, nacido en la Argentina, radicado en Brasil y autodefinido urbanista latinoamericano. “Cuando se levanta un muro, real o imaginario (porque muchas veces comienzan por lo imaginario y luego se van materializando), nunca se hace a favor de nada”, insiste, con la autoridad de haber estudiado el tema de cerca, tanto como uno de los hacedores del programa Favela Barrio en Río de Janeiro, como en su carácter público de crítico del muro para detener el crecimiento de las favelas de la misma ciudad.

    –Que se levanten estos muros en situaciones de frontera, en sentido social y político, ¿significa que fracasaron todas las demás respuestas posibles?

    –Es una capitulación por anticipado del poder público, en el sentido de que son decididos por un poder público que no confía en su propia capacidad de fiscalización a la hora, por ejemplo, de mantener el control sobre lo construido y lo no construido, como en el caso de las favelas. Cuando se hace un muro para dividir, para cortar, no se tiene en cuenta que lo primero que uno piensa al encontrarse frente a él es cómo pasar al otro lado. En este momento, estoy trabajando en un área que se llama Complejo de Manguinhos, conformado por un conjunto de 11 favelas, divididas al medio (cinco quedan de un lado, seis del otro) por el tren. Esa vía de tren está flanqueada por muros, lo que constituye un borde imposible de trasponer de un lado al otro de la comunidad. Sin embargo, la gente hizo agujeros en el muro y transita: termina usando como calle los espacios entre el muro y la vía, e inclusive la misma vía, si hasta hay fotos donde se ve cómo circulan en bicicleta por el medio de la vía. Lo que quiero decir es que el muro no sólo no resuelve, sino que crea problemas adicionales. El muro ya es una capitulación por anticipado frente a la posibilidad de pensar alguna armonía entre las partes, algún tipo de convivencia, en el sentido que planteaba Jacques Derrida. El, que casualmente visitó Río poco antes de morir, decía que en el mundo contemporáneo es necesario reaprender a convivir en la diferencia y que esto implica una propedéutica política. Es algo difícil de hacer, pero necesario, y está visto que sin ella sólo se cometen actos innecesarios, como quedó clarísimo con la contramarcha del muro de San Isidro. En el caso argentino, a diferencia de lo que pasa con el muro para evitar el crecimiento de las favelas, hubo una reacción y un cambio de idea. Aquí lo máximo que se sugirió fue que se embelleciera el muro con plantas, que fuera ecológico.

    –Pero sigue siendo un muro y permanece la intención de bloquear.

    –Porque persiste la idea de que, ya que no podemos tratar con la diferencia, separemos lo que está dividido, acentuemos la división. Pero son cosas que no pueden hacerse sin reflexión: se trata del de-safío de imaginar alternativas.

    –Río de Janeiro, Cisjordania, Tijuana, el caso –aunque notablemente de menor escala– de San Isidro: los muros parecerían estar generalizándose.

    –Sí. Y si se generaliza como solución, en todo el mundo tal vez empiece a haber ciudades tan feas como San José de Costa Rica, que parece más un campo de concentración que una ciudad: por la calle, sólo hay cercas de hierro y rejas, una contaminación que inclusive reproducen las zonas más desfavorecidas. Eso alimenta la paranoia de la persecución y la inseguridad generalizada, todo el mundo se defiende de todo el mundo. En entornos así, nadie camina por la calle, los desplazamientos sólo son en auto. Es preciso lograr una conjunción de ciudad, urbanidad y espacio público, y si esos factores se combinan con espacios verdes, uno puede decir que está ante un lugar deseable de ser vivido. Un ideal podría ser el estado actual de Palermo –planteado como contenedor físico–, pero integrando clase media, alta, sectores populares: un ambiente donde las diferencias se articulen verdaderamente. No es posible integrar las diferencias, pero sí articularlas a partir de puntos en común. Y hay que lograrlo junto al disfrute de la urbanidad. No se trata de muros, sí de llenar las calles de gente: nada más seguro que una calle llena de gente.

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  3. Interpol formaliza instalación de oficina regional en El Salvador
    Por MARCOS ALEMAN - SAN SALVADOR - Abril 07, 2009

    El secretario general de la Interpol Ronald K. Noble llegó el martes a El Salvador para formalizar la instalación de una oficina regional de ese organismo en el país.

    El ministro de Seguridad Pública y Justicia, René Figueroa, que suscribió el acuerdo a nombre de El Salvador, agradeció la confianza depositada en el país y destacó varios proyectos impulsados con la ayuda de la Interpol.

    "Este día se formaliza la entrega de las instalaciones que actualmente ocupa la oficina regional de Interpol en San Salvador, lo que constituye una muestra de cooperación de el Gobierno de El Salvador, dijo Figueroa durante el acto oficial en el Ministerio de Seguridad Pública.

    Agregó que la entrega de las instalaciones permitirá además que Interpol cuente con una representación permanente y estable en la región".

    La oficina regional de San Salvador, encargada de dar servicio a México, Centroamérica y El Caribe, es responsable de desarrollar planes y operaciones, contra el robo y tráfico de vehículos, combate a las pandillas, combate al narcotráfico, trata de personas, delitos tecnológicos y delitos contra el medio ambiente, entre otros.

    Nobel agradeció el gobierno salvadoreño por dar su apoyo para la oficina regional para América Central y reconoció "los resultados espectaculares" de la "Operación Huracán" en que miembros de las policías de Centroamérica, Panamá, Belice, México y República Dominicana, "han trabajado para combatir al tráfico ilícito de vehículos automotores robados".

    Nobel señaló que El Salvador es el país que más consultas hace a la base de datos de la Interpol para combatir el robo y tráfico de vehículos en la región, con lo que "se está ayudando notablemente a mejorar la seguridad nacional y regional".

    La región de las Américas dispone de dos oficinas regionales de la Interpol: una en San Salvador y otra en Buenas Aires.

    La oficina de comunicaciones del ministerio de Seguridad Pública y Justicia informó que Noble que llegó procedente Nicaragua, aprovechó para hablar con Figueroa de temas relacionados con el combate al crimen organizado y las pandillas.

    Noble que inició su gira en Chile, luego visitó Bolivia y Colombia, para después llegar a Nicaragua, donde suscribió un convenio de cooperación con la policía de ese país.

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  4. Limpieza social
    Bogotá: Vendedores ambulantes asediados
    Igual suerte que la de estos vendedores correrán vendedores ambulantes de otros sectores de la ciudad, de no llevarse a cabo acciones que trasciendan el tema del espacio público.
    Julián Carreño | Desde Abajo - Colombia | 29-3-2009 | 82 lecturas
    www.kaosenlared.net/noticia/bogota-vendedores-ambulantes-asediados
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    Radiografía más fiel de la situación en la que viven millones de colombianos no es posible. Además de no tener una fuente estable de trabajo, las personas que acuden a la labor de vendedores ambulantes, tienen que huir permanentemente de los espacios públicos, so pena del desalojo policial. Cansados de que no los dejen trabajar, más de 60 vendedores ambulantes de las localidades de Usaquén y Suba, como único recurso para hacerse escuchar se tomaron el martes 17 los corredores de entrada del Portal Norte de Transmilenio.

    La razón: llevan más de tres días sin poder trabajar. El paisaje: una línea trazada por la Policía para evitar la congestión de la entrada al transporte articulado, obligándolos a permanecer a una distancia “prudente”. Las peticiones: que los dejen trabajar en este sector de la ciudad.

    Luego de tres días de vedado en su trabajo, más de 60 vendedores ambulantes de las localidades de Suba y Usaquén pernoctaron en la entrada del Portal Norte, según ellos “hasta que les resolvieran algo”, logrando al final del día el compromiso para el diálogo de las autoridades locales, la Policía, al igual que voceros de algunas entidades del Distrito

    “Estamos acá para exigir nuestro derecho al trabajo. Tenemos hijos y familia que no espera. Nos tocó llegar a esta medida de hecho pues no nos quieren dejar trabajar en el espacio público. Es claro que esto obedece a Transmilenio, pues es esta empresa, en compañía de la Policía, la que nos saca y maltrata permanentemente. No somos ampones. No hay trabajo por ninguna parte; a los 35 años ya no nos dan trabajo”

    Palabras de Germán Navas, vendedor ambulante y representante de este sector por la Localidad de Usaquén. Con ellas dejó sentada la posición que motivó la protesta. Trabaja desde hace años al frente del supermercado Éxito y gana para el diario vivir. Se rebusca, Según él, sus ingresos oscilan entre 12 y 15 mil pesos. Ya lleva más de tres días sin ventas, y sin esos dineros su familia no puede garantizarse el sustento diario.

    Como él, otros tantos viven situaciones similares. Según el DANE, en el 2008 los desempleados alcanzaron la cifra de 2'830.000 en todo el país, sin contar la tasa de desempleo que ascendió entre noviembre de 2008 a enero de 2009 a 11,9% comparado con el 10,8 por ciento registrado el año inmediatamente anterior. Esto sin tomar en cuenta al sector informal, el cual no es tabulado como desempleado, el cual acumula un amplio subregistro.

    Por lo demás, la situación tiende a empeor. De acuerdo con el DANE, en las 13 principales ciudades del país se pasó de 1.179.000 -2008- personas sin trabajo a 1.447.000 en 2009. Pero mirada esta realidad con detalle vemos su gravedad: Ibagué, capital del departamento de Tolima (centro sur), reportó en enero de 2009 la tasa más alta de desempleo en todo el país, al registrar 19,0 por ciento, mientras Medellín alcanzó el 14,6; Cali, el 14,1, y Bogotá el 10,0, por ciento.

    Urge un nuevo modelo

    Rebusque sin par. Personas que al no tener una fuente estable de empleo tienen que conseguir el diario a “cuenta gota”, debiendo enfrentar y confrontarlas politicas de “orden, control y limpieza” en auge en el país, también manifestadas a través del transporte público articulado.

    Igual suerte que la de estos vendedores correrán vendedores ambulantes de otros sectores de la ciudad, de no llevarse a cabo acciones que trasciendan el tema del espacio público. La tendencia de un modelo de ciudad que margina a los excluidos, impidiéndoles su legítimo derecho al trabajo, indigno por demás, colapsará. Repensar el modelo económico, además del urbano, parece ser el camino.

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  5. LA SOCIEDAD LATINOAMERICANA FRENTE A LA VENTANA DEL SIGLO XXI

    Robinson Salazar
    P. Sociólogo Investigador y docente en la Universidad Autónoma de Sinaloa, México
    http://lospinguinos6.blogspot.com/2006/01/la-sociedad-latinoamericana-frente-la.html
    Sobre el conjunto de cambios que se vienen presentando en la sociedad latinoamericana, son muchos los análisis que existen; no obstante, hasta el momento, no se ha trazado un eje conectivo entre los cambios que se suscitan en la sociedad y su efecto generador de fuerza sobre la nación de hoy, la cual se resiste a cambiar su estructura organizacional de Estado-Nación decimonónico y monolítica, despreciando la oportunidad para enlazarse en la dinámica abarcativa e incluyente que requiere la sociedad contemporánea. Ante la disociación que se presenta entre sociedad y nación, ésta última se ha visto presionada por dos polos de atracción, por una parte, la mundialización, cuya manifestación en el campo económico y político, medra el tradicional entramado institucional del Estado-Nación, mismo que se sustenta en el individualismo universalista, que más tarde tomó forma y cuerpo en un orden político que privilegió la libertad, el interés privado y las garantías individuales, donde todos las personas son iguales ante la ley, excluyendo de esta manera a los sectores minoritarios y a los que demandaban un trato específico. La forma en que está organizado el Estado-Nación en América Latina, y que sigue fiel a los legados que sembraron los libertadores, no sirve de mucho a la sociedad reclamante de hoy; menos a los desafíos que enfrenta a diario el Estado por los embates de la mundialización, donde la soberanía, las decisiones en el terreno económico y la manera de atender los reclamos nacionales, tienen un ingrediente internacional que fisura el ordenamiento autónomo y las decisiones exclusivas de los gobiernos nacionales.
    Ante ello, la nación debe atender, con entusiasta prioridad, una readecuación de su andamiaje institucional, sus ordenamientos jurídicos y reposicionamiento en el ambiente mundial. Por otro lado, en el ámbito interno, la sociedad ha evolucionado, en los últimos 25 años, con una velocidad indescriptible, pues sus tejidos han sido atrofiados por la caducidad de algunos actores y por la emergencia de otros; por la amplitud de los reclamos populares y la extensión del espacio público, entre otras manifestaciones del orden social; hoy son resarcidos por acciones inéditas que los nuevos agentes y actores sociales trazan sobre el escenario de cada nación del mosaico latinoamericano.
    La unidad cultural y la lealtad a la nación que pregonó el Estado-nación, han sido desplazadas por una multiculturalidad que se encontraba en el subsuelo de la nación y que había sido callada por muchos años, a través de la represión institucional, la defensa de la soberanía y la unidad nacional; hoy día resurge la diversidad y rompe el zócalo de la opresión, reclaman su espacio y lugar dentro del mosaico de la nueva nación, demostrando que en una nación existen múltiples proyectos de nación, distintas percepciones sociales e innumerables utopías que hacen de ella una unidad diversitiva. En esta parte pretendemos reflexionar con mayor detenimiento, puesto que la discusión que aborda los temas sobre la vigencia o no del Estado - Nación está bastante tratada con objetividad por distintos analistas, entre los que destacan Anthony Smith, Touraine, Roland Robertson, John Rex, Michael Billig y Roland Beiner, entre una pléyade de pensadores que tratan, con sus estudios, de dibujar la futura nación del tercer milenio. Lo que pretendo en esta tarea discursiva es exponer cuales son los nuevos ingredientes que se combinan e interrelacionan en la sociedad latinoamericana que abre las puertas de año 2000; asimismo, poder confrontar el cuerpo social con la estructura que tiene la nación, en el orden cívico, político y étnico, hasta encontrar las limitantes que posee el cuerpo jurídico-político de la nación ante las demandas incluyente de la sociedad de hoy.
    Sí la sociedad de hoy está siendo alterada por un conjunto de actores sociales, donde sobresalen aspectos de autonomía locales, formas organizacionales híbridas que entrelazan lo tradicional con la modernidad; identidades que se redefinen, otras sereafirman; las minorías étnicas reclaman un espacio en el concierto nacional y se insertan en las coordenadas de la democratización de la política; el espacio público se extiende a lo largo y ancho del país, incorporando nuevos agentes y actores para decidir sobre el rumbo de la nación; los derechos especiales se van acomodando en el conjunto de demandas hasta convertirse en derechos o ciudadanías específicas que no lesionan a los derechos universales, pero de igual manera se posicionan a la par o en el mismo escalafón que éstos ocupan, debido al crecimiento actoral de los indios, las mujeres, loshomosexuales entre otros más. Asistimos a un evento magno, donde los múltiples actores sociales que viven dentro de los pueblos de América Latina, tiene como holograma distintivo una multidiversidad de acciones, una pluralidad de ideales y un arcoiris multicultural, dando a entender que nos asomamos a la ventana de una nueva nación, que rompe los estrechos marcos de la homogeneidad, de la verticalidad de la unidad política y la singularidad de la cultura nacional.
    Se aproxima el proceso que deseclipsa una nación y que abreva en la nueva sociedad en construcción; lee las nuevas lecciones que escriben los actores emergentes e insumisos y trata de incorporar en ella a todos las naciones que viven dentro de la macro nación. La molecularización social y la ampliación de la red actoral En la medida que avanza inexorablemente el proceso de mundialización, son cada día más los aspectos económicos, políticos, culturales y sociales que se involucran en esta fuerza interconectiva, haciendo que lugares, grupos humanos e individuos, se asomen a la ventana del mundo y se den cuenta de lo que está aconteciendo; algunas veces descubren cosas nuevas; en otras ocasiones solo llegan a reafirmar su convicción o sus demandas, dado que en otras latitudes, se encuentran otros grupos o franjas sociales luchando por lo mismo o enfrentando una situación similar de adversidad.
    Este fenómeno social de fin de siglo, ha servido para que autores como Giddens hayan incursionado en las pesquisas que lo orienten a descubrir las singularidades que afloran en la sociedad cuando es envuelta en la globalidad y, sin menospreciar los embates negativos que genera esta mundialización, descubra, entre las capas interconectivas, nuevos acontecimientos y expresiones que van cambiando, poco a poco, el rostro de la sociedad.
    Una de las caras, de las múltiples que tiene la sociedad, es la molecularización, cuya esencia es la ruta de la reestructuración social que va encaminada hacia el tejido de una enorme sábana que se compone de redes asociativas que funcionan en forma de lazos, conectes, de enlaces químicos entre una comunidad molecular y otra, hasta armar convergencias de acciones ante una demanda común o problema que atañe a todos. Expliquemos mejor este proceso de aglutinación social La sociedad que fue golpeada y desestructurada, en algunos tejidos, por la globalización, ha ido abandonando, poco a poco la etapa de atomización social, donde por doquier se observaban individuos aislados, desconectados entre sí y envueltos en una acción segregada y sin asomo de una asociación colectiva. Ante este espectro newtoniano, tomo cuerpo una teoría de la fatalidad y del caos, misma que intentaba dar cuenta de lo que acontecía en la sociedad.
    Desmontar esa mentalidad newtoniana ha sido difícil, pues los portadores de la estafeta atomizadora no logran leer, de manera intersticial, que grandes segmentos sociales se asocian, interactúan en ámbitos de la vida familiar, laboral, recreativa, política y cultural. La multidimensionalidad de las relaciones, hace del hombre y la mujer un ser de enlace, de comunicación permanente que teje acciones, arma demandas y le da sentido a su comportamiento individual y colectivo.
    En el marco de los intercambios, el hombre y la mujer organiza la vida social, el lenguaje se desarrolla y el vínculo de los afectos crece, constituyéndose de esta manera los sujetos sociales. ¿Cuándo un hombre o mujer, lo mismo una comunidad o localidad se constituye en sujeto? Al momento que es capaz de objetivar, de convenir, de acordar en el seno de la comunidad y de producir un imaginario común y, por tanto, de construir su realidad (Najmanovich, 1995) Cuando una comunidad o localidad se conecta, ya sea vía intersubjetiva, a través de los medios, por las imágenes o por los relatos de sus protagonistas, vehiculizan las relaciones del sujeto con el mundo y a la vez amplía el acervo cultural y de conocimiento, mismo que entra en el laboratorio de la creatividad, el análisis y la cogitación en forma de insumo, que al ser procesado y comparado con su entorno, aumenta la capacidad de reflexión. La capacidad de reflexión es el acto en que los hombres y mujeres seleccionan la información, la codifican, y la ponen en circulación, a fin de ampliar el marco de sociabilidad y forjar nuevas subjetividades sobre el mundo, la sociedad y la política.
    Al momento que cierran el círculo de la sociabilidad, se pone sobre la mesa del diálogo, el intercambio de hábito, las distintas apreciaciones, experiencias y alternativas que serán su égida para acciones futuras. Así nacen las redes asociativas, como un ámbito de las interacciones humanas, con la peculiaridad de que en un mundo heterogéneo la interacción se finca sobre el diálogo, el respeto y la tolerancia y, en medio de esa diversidad, construir alternativas incluyentes que satisfagan las aspiraciones de todos los involucrados. La lógica explicativa que tenemos a la mano es la de una célula embrionaria, que para el caso de la sociología sería un sujeto insumiso que se ha revelado contra el estado de cosas adversas y, al interconectarse por cualquiera de las vías que hemos reseñado, genera un sin número de células que se esparcen por distintos rincones y lugares del mapa latinoamericano, posicionándose en lugares estratégicos, con la singularidad de que se van diferenciando en el transcurso del crecimiento hasta especializarse como células urbanas, rurales, étnica, de género, defensora de los derechos humanos, pro dignificación de los jubilados, entre otras.
    Las relaciones intersubjetivas son similares a los mensajes intercelulares, que se dan gracias a un proceso llamado fosforilación, que no es otra que la transmisión de una experiencia, una demanda o una acción entre un sujeto social y otro. Los estudios sociales que se abocan a este género de la reestructuración social, no son estudios eminentemente sociológicos, pues las herramientas teóricas no son suficientes para descubrir y analizar esas tendencias que se manifiestan no continuas, sino fracturadas, bifurcadas y transversales, por lo que hay que echar mano a la antropología, a la biología y la filosofía, tratando con ello de captar cómo entra una señal, comunicación o interrelación entre dos o más comunidades y a la vez dar seguimiento a la propagación del mensaje.
    Cuando se va formando la red asociativa entre comunidades o sujetos colectivos, a través de la comunicación y en busca de organizar una acción colectiva, se observa, no de manera explícita, la voluntad de argüir, deducir, inferir, probar, demostrar, descubrir y oponer argumentos que desembocan en la alternativa diseñada colectivamente; Hay que tener en cuenta que el proceso de intercomunicación es inacabado, pues su fuente permanente de enlaces simbólicos los lleva a configurar una ecuación algebraica donde la constante es el mensaje y las incógnitas son los nuevos signos que se incorporan en el lenguaje intersubjetivo.
    El papel que desempeña el fósforo en los enlaces intercelulares, para nosotros es los traslapes identitarios, los cuales no se erigen sobre la similitud en los principios doctrinarios entre una organización y otra; por el contrario, se edifican sobre la obligación que se asume frente a un problema determinado; en la naturaleza multidimensional que tiene los problemas; en la semejanza que adquieren sus luchas; en el cuadro de demandas que enarbolan para movilizarse; en la actitud y resistencia para aceptar una situación adversa, sabiendo que puede modificarse a través de una acción conjunta. Entonces, lo determinante en los traslapes identitarios es la comunicación, pues, entre comunidad y comunidad existe un puente que permite el paso de un fragmento de identidad que se traduce en un objetivo común o en una meta parcial que debenrecorrer juntos.
    En esa coyuntura de traslape identitario se manifiesta una reacción de transferencia que implica enzima de insumisión, activando la capacidad de reacción y movilización de otra comunidad, desatándose de esta manera una cadena de acciones insumisas que conforman la acción colectiva revolucionaria. Indudablemente, la transferencia de insumisión ayuda a eliminar la incertidumbre, transmite fuerza, confianza, lealtad, solidaridad y estructura la base de una acción conjunta inter-comunitaria, o sea, la antesala de una fuerza convergente. DE LA MOLECULARIZACIÓN COMUNITARIA A LA REDEFINICIÓN DE LA NACIÓN La sociedad latinoamericana no es monolítica como se hizo saber en la interpretación social del Estado-nación; es un amplio mosaico multicolor de grupos y comunidades que tienen sus propios proyectos de nación, sus particularidades culturales, sus elementos simbólicos que se desprenden de acciones específicas y de sus códigos de lenguaje singulares que hacen que la connotación social de la nación sea distinta a la definición de nación territorial y política.
    Por lo anterior, la nación social es amplia, diversa y relacional, de ahí que sea necesario que la veamos como un nicho articulado de pertenencias, símbolos y mitos que la hacen compleja, pero relacional en tanto se encuentran puntos convergentes al interior de ella, donde preocupaciones, referencias y búsquedas comunes se aglomeran en un mismo lugar imaginado.
    El lugar imaginado no es lo mismo que la realidad imaginada de la que nos habló Anderson, pues en él la comunidad imaginada estaba sobre las identidades étnicas y los pueblos históricos, que al desintegrarse por las transformaciones que se presentaron en las sociedades agrarias, al transitar a su etapa industrial, perdieron su referencia grupal, local y comunitaria, por lo que hubo la necesidad de inventar una asociación más amplia, con un arcoíris de valores artificiales que remodelaron el pasado y prefiguraron un futuro ajeno a los proyectos específicos. Sobre esa comunidad imaginada se levantó el Estado-Nación, mismo que fue descongelándose con el advenimiento de la globalización, hasta descubrir en las aguas que se desprendieron del hielo, el volver de nuevo a las comunidades, a lo local y a lo singular, como una forma de recobrar vida la sociedad y de vestirse de nuevo del multicolor étnico y cultural.
    Entonces se observa que el lugar imaginado, para nosotros, es el reconocer que al igual que yo, existen muchos actores más demandando un espacio, construyendo una acción colectiva y recuperando una identidad que por mucho tiempo nos obligaron a esconderla, pero que en medio del despertar comunitario, nos damos cuenta que hay espacio para todos y que nos invita a reflexionar con la famosa frase de Touraine que intituló su último libro ¿podremos vivir juntos? ¿Podremos vivir juntos? Es el mayor reto que los actores interesado en reconstruir la nación asumen y lo tejen con el cuadro de su cotidianidad, porque se han dado cuenta que las identidades particulares que se están redefiniendo, no tienen una referencia directa con el Estado-Nación, puesto que éste se encuentra en crisis, pero sí están íntimamente conectadas con sus códigos y símbolos que son parte de su entorno inmediato o de su marco de acción específico. La suma de lo específico, aunada a la convivencia respetuosa, la tolerancia frente al otro y la colaboración entre ellos, serán la ruta menos conflictiva para rearmar la nación del tercer milenio; claro está que todo este espectro relacional de grupos y organizaciones distintas, va a necesitar de un recurso simbólico universal que será la matriz democrática de la nueva nación, sin que ello borre o atente contra el acervo individual o las características particulares de cada etnia o minoría social.
    Esta nación imaginada comportará a su interior un tejido molecular, donde cada quién es indispensable, pero sólo no podrá contener la esencia de la nación, porque juntos y sólo así, apuntan a la recomposición de la nación. Ahora bien, la rearticulación de la nación y el reequilibrio de lo social conlleva a la revalorización de lo político, que no es otra cosa que reconocerle un valor especial a la política, a pesar de los esfuerzos que hacen la globalización y el mercado por hacer de lo político algo des-significado en la sociedad contemporánea.
    Cargar de significado a lo político y a la política en sí, posibilitaría que la sociedad en su conjunto se extienda sus anchas, sin encontrar obstáculo alguno que le impida su desarrollo para expresar, cada cuadrícula de la nación, sus valores, su pertenencia, su singularidad, sin ningún asomo de mezquindad, ni de neutralizar al otro, porque la ampliación del espacio público será mayor en la medida que cada grupo, comunidad y localidad, llene de contenido su espacio recuperado.
    Entonces se podrá ver un horizonte nuevo, articulador, que despunta en el alba la recuperación de la política y lo político a través de la ventana de la democracia, cuyos ejes constitutivos son: Primero, recuperar el contenido de los grupos sociales y que éstos a su vez vivan en su organicidad una conversión de lo social en lo político, donde ONG, movimientos cívicos, asociaciones vecinales, minorías sociales y grupos étnicos entre otros, presionen, demanden y actúen en dirección a recomponer la nación, ampliar el espacio público y reconfigurar el poder dentro de la sociedad; todo ello bajo una eticidad responsable, que tenga presente que la reforma del Estado pasa por la galería de los distintos proyectos que portan cada uno para redefinir la nación.
    El segundo eje, es la recuperación del diálogo como forma de convivencia y camino para la construcción de acuerdos, dado que la amplitud y lo diverso de lo social, debe ser compensado con la claridad en los acuerdos y los compromisos para llevarlos a cabo. El diálogo como elemento simbólico que perpetúe la convivencia dentro de las diferencias, es uno de los elementos indispensable que debe ocupar un sitial en la organicidad de la nueva sociedad en estructuración. Por último, el consenso, como la posibilidad más cercana para construir el nuevo paradigma organizacional de la nueva sociedad, pues a través de él, los distintos actores políticos y sociales obtienen licencia para discutir y participar en escenarios locales, regionales y más amplios, como los de carácter nacional.
    El consenso es la construcción permanente de acuerdos, mismos que deberán ser las respuestas a las múltiples demandas y necesidades que la sociedad pone sobre la mesa para que sean resueltas, entre ellas, las ciudadanías de género, homosexuales, étnicas y, los derechos especiales de actores marginados, como son los discapacitados, las sexoservidoras, niños de la calle y minorías sociales. Si se llegase abrir las puertas de la política, bajo los tres ejes antes mencionados, se estaría empatando la reorganización de la nación, la reforma del Estado y la activación de la democracia en un solo proceso, el cual puede desbordar las maquinarias burocráticas de la decisión vertical y destruir la vaga idea de que la globalización y el mercado ha des-significado lo político.
    La interrogante que nos asalta en el camino de la reflexión es, ¿qué papel desempeñaría el Estado en la etapa transicional, mientras lo diversitivo se acomoda en la unidad nacional? Un primer paso, es abandonar paulatinamente su configuración reduccionista, puesto que los nudos conflictuales le están avisando que no puede seguir permaneciendo impávido ante lo que acontece en la sociedad; que debe ser más sensible a lo social que es a quien de debe y, por tanto, retomar los hilos de conducción política, sin caer en el paternalismo, pero si con la capacidad de ejercer el control de la creación de normas colectivas que sensibilicen y comprometan al conjunto de la sociedad con los cambios que se pretenden construir.
    El Estado en esta fase, deberá ser capaz de penetrar una sociedad heterogénea, sin ser susceptible a ser controlado por un segmento de ella, sino que debe estar por encima de todo lo diverso, a fin de que se le facilite el dominio para crear y buscar asociar las normas necesarias para una convivencia plural, tolerante, en un espacio público donde sea posible articular representaciones legítimas y democráticas.
    A un Estado con estas características, le corresponde crear los espacios para la representación, y es la sociedad quien se ve obligada a llenar de contenido esos espacios; es decir, construir actores que le van a dar vida a la política y a la convivencia democrática; para ello el Estado tendrá que asumir el papel de promotor en la formación de interlocutores autónomos, garantizando las condiciones de seguridad y respeto de derechos y libertades civiles; asimismo, deberá permitir la supervivencia individual y colectiva en condiciones de no-exclusión, o sea, recuperar su capacidad redistributiva para contrarrestar la lógica depredadora del modelo neoliberal.
    Así como lo concebimos, el Estado podría afrontar las amenazas de las que nos habla Villoro (Villoro 1998), (la resurrección de conflictos atávicos entre etnias y nacionalidades) puesto que estaría por encima de todos; además, sería dinamo de la fuerza dialoguista. Pero si el diálogo se empantana en una situación conflictual, entonces si tendrá que asumir un papel más activo el Estado, incluso con la posibilidad de hacer uso de la fuerza, si ve que la equidad se diluye al intentar un grupo imponerse sobre otro. ¿Por qué tendría que echar mano al recurso de la violencia? Si la principal preocupación y ocupación del Estado es, en esta etapa, la de garantizar la igualdad de oportunidades y cooperación entre todas las culturas, grupos, comunidades e individuos que componen el país, como el verdadero signo de la justicia y la equidad, la vulneración de estos dos principios obliga restablecerlos por la vía de la fuerza.
    En síntesis apretada, la redefinición de la nación pasa por el zaguán de la reforma del Estado, tarea que invita e involucra a todos los actores políticos y sociales, y no exclusiva de los partidos políticos, puesto que si sólo son los sujetos políticos estructurados los que llevan a cabo esa iniciativa, el mosaico nacional quedaría con muchos vacíos, y se repetiría la historia de negarle un Estado a las muchas nacionalidades existentes. Si todas las piezas de la nación se ven envuelta en el proceso reconstructivo del Estado, estamos seguros que la política regresará a tomar su sitial, no para estar por encima de la sociedad, sino para ser parte de la urdimbre social y a través de ella, los distintos actores vehiculizan el diálogo, desactivan los conflictos, arman los consensos y coadyuvan en la toma de decisiones en la cosa pública, lo cual revitalizaría y ampliaría el espacio público. Esta tarea está a la orden del día, iniciémosla.
    Bibliografía
    ANDERSON BENEDICT. Comunidades Imaginadas; F.C.E. México, 1993
    DABAS ELINA y DENISE NAJMANOVICH. Redes: el lenguaje de los vínculos; Paidós, Argentina 1995 GIDDENS ANTHONY. Más allá de la izquierda y la derecha; Cátedra, España, 1996
    TOURAINE ALAIN. ¿Podremos vivir juntos?; F.C.E. Argentina, 1997
    VILLORO LUIS. Estado plural, pluralidad de culturas; Paidós/UNAM, México, 1998

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  6. MERCADO, CRIMEN Y MIEDO: EL EJE DE LA INCERTIDUMBRE EN LATINOAMÉRICA

    Robinson Salazar
    Universidad Autónoma de Sinaloa
    Insumiso2000@yahoo.com.mx


    Resumen:
    En América Latina, la criminalidad y los miedos son asuntos que se traen y llevan en los medios de comunicación, sin embargo la forma en como se enuncian o enteran a la ciudadanía, no brinda la mejor explicación de lo que acontece.
    La delincuencia ha mostrado una tendencia incremental desde que se desdibujó el Estado, el mercado legitimó el comportamiento del crimen organizado al vincularlo con las redes por donde circula el dinero, convirtiéndolo en pieza estratégica para su dinámica comercial; la criminalidad, parte esencial de la delincuencia, se enclavó en la sociedad y es parte del escenario socio-político, hoy se muestra en diversas versiones: miedo, crimen organizado, delincuencia común, prostitución y trafico de humanos, entre otras.
    Abstract
    In Latin America, the criminality and the fears are common matters that take and bring in the mass media, nevertheless the form like they enunciate or inform to the citizenship, is not the best explanation that its happens.
    The delinquency has showed an incremental trend since the State lost his power, the market legitimized the organized crime behavior to having linked it with the nets where the money circulates, turning it into strategic piece for its commercial dynamics; the criminality, essential part of the delinquency, was nailed in the society and it is a part of the socio-political scene, today it appears in diverse versions: fear, organized crime, common delinquency, prostitution and deal of human beings, between others.

    Palabras claves:
    Estado, mercado, crimen organizado y miedo/State, market, organized crime and fear
    Introducción
    Pensar lo que acontece en la ciudad en un ámbito descontextualizado que nos puede llevar a perder el rumbo de la discusión que pretendemos situar en la mesa de asuntos públicos; dar contexto marca la diferencia y centra el discurso en una realidad; la ciudad no es un conglomerado de personas compartiendo un espacio, un conjunto de equipamiento urbano dentro de una comunidad ampliada y referenciadas por un imaginario que los identifica con el lugar. Es algo más que todo ello, porque en la ciudad, se congregan más del 75% de la población mundial, se compite por un espacio, se dirimen los poderes entre Estado y ciudadanía, las calles se cargan de contenido por el comercio, las protestas, los medios de divulgación y por los automóviles; en fin, la ciudad es hoy un mega problema que debe investigarse desde diversos ámbitos.
    América latina, al igual que la mega ciudad, es un contexto amplio, imbricado y con distintas dinámicas en cada proceso social, político y/o cultural; sin embargo, si precisamos qué es lo que nos interesa destacar de Latinoamérica, es posible asociar, vincular y hasta encontrar hilos identitarios o asociativos de un problema común, esta vez es el Estado y su papel en esta sociedad abigarrada, conflictiva y desigual.
    Mutación del Estado
    El achatamiento del Estado es un comportamiento que asumió el ente político como una condicionante que le exigió la globalización conservadora y su aliado el neoliberalismo como modelo económico vigente, no obstante, también mostraba signos de debilidad ante los cambios que se presentaban en el orden mundial, dado que prefirió nadar en las aguas de la política ineficiente y desconectada de la sociedad, agotó los recursos para resolver los grandes problemas de la inequidad y la injusticia social, perdió rumbo por permitir que la corrupción entrara en toda la capilaridad de su cuerpo institucional y no tuvo un horizonte para dar un mensaje a la sociedad.
    Los factores mencionados fueron aprovechados por los organismos internacionales para exigir la desregulación de los mercados para liberar las economías nacionales de los controles estatales y asumir el nuevo liderazgo dentro de la sociedad; la venta de los activos públicos, la aceptación dócil de las exigencias del Consenso de Washington, el apego a los dictados de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la desterritorialización de un conjunto de procesos propios del mercado, el crimen organizado, los medios de comunicación y ejercicio del poder por la vía fáctica, son parte del nuevo rostro del mundo de hoy y, América Latina, es parte de ese orden.
    Este ramillete de factores restó facultad al Estado y lo dejaron reducido a la mera función administrativa.
    El complemento de su desestructuración fue la renuncia tácita del ejercicio del monopolio de la violencia, cuando se cambió la agenda de la política de seguridad en la región, de la relación tensa de la bipolaridad se pasó a las nuevas amenazas, concepto laxo, puesto que ahí daba entrada a asuntos de carácter natural como terremotos, tsunami, ciclones, huracanes, entre otros, ligados a narcotráfico, terrorismo, crimen organizado, guerra bacteriológica y proliferación de armas nucleares. Como podemos observar, una bolsa de problemas que se fusionaron en un programa de nueva marca, pero de signo castrense, esto es, securitizar las políticas estatales.
    Ningún Estado en el mundo puede resolver toda esta gama de problemas diversos, complejos e impredecibles, sus recursos y dispositivos de poder son escasos o ínfimos ante la magnitud de estos desafíos que denominan Nuevas Amenazas, pero la intención no era resolver por la vía estatal esos dilemas, tampoco preparar el relanzamiento de un nuevo Estado, sino todo lo contrario, como minar la estructura estatal y abrir las compuertas a los consorcios industriales ligados a la producción de material bélico y de seguridad. Abrir la posibilidad de que el Estado compartiera con el mercado la labor de vigilancia, seguridad pública, admitir excesivamente la portación de armas a cuerpos privados y segmentos de la ciudadanía, colocó al ente político en una postura de laxitud ante el crimen organizado y de complacencia ante el asomo y crecimiento de la corrupción, la impunidad y deterioro de las instituciones públicas.
    Esta desconfiguración tiene varias explicaciones, una de ellas es la ausencia de la política, la descentración de su rol dentro de la sociedad y el alejamiento que tuvo de las esferas del Estado. La política siempre fue y es reconocida por tres factores, dialogo, acuerdos y comunidad. Si la política se ausenta de la sociedad, el diálogo desaparece, los conflictos renacen, los acuerdos no están en la agenda del día, las confrontaciones se extralimitan y terminan alojándose en el terreno de la violencia; los acuerdos son mínimos, en función del acercamiento y los consensos que los ciudadanos crean o forjan para arribar a un pacto de convivencia, de poder seguir viviendo juntos a pesar de las diferencias, a mantener comportamientos de civilidad para resolver las divergencias y poder fortalecer el andamiaje institucional, de no ser así, la confianza se deteriora y el economizador institucional explota.
    Sin confianza y alejado de toda intención por tender los puentes con la sociedad civil, el Estado se fue deteriorando, sus ramificaciones vinculatorias con la sociedad se atrofiaron, las comunidades, resultado de toda convivencia duradera, donde predominan los lazos sociales y cuya función es vincular, socializar y tejer redes socializantes que van, con el tiempo, formando la gran comunidad, se diluyó paulatinamente y los reservorios de confianza que brotan de los lazos, y redes de socialización enmudecieron; todo esto arrojó como resultado la desarticulación de la seguridad en sí mismo como persona y entre nosotros.
    El factor seguridad es sinónimo de lealtad, biografías compartidas, idea de vecindario, imaginario articulado socialmente e ideales comunes. Si este mapa desaparece de nuestra percepción, perdemos el sentido del lugar, asimismo la incertidumbre nos hace vulnerable y nuestra relación con el otro es de desconfianza absoluta, de verlo como un potencial agresor o distinto a mis intereses, lo que insta a todo ser humano a aislarse de los demás, encapsularse dentro de su espacio privado y mutilar toda red vinculante con los otros.
    Pareciera un relato de ficción, sin embargo, todo esto nos lo confería la política, cuyo recinto era el Estado, pero su papel protagónico y rector en la sociedad, su capacidad de instituir subjetividad, y de dotar de rumbo a la comunidad nacional, se esfumó y de paso la política también fue presa de los estragos por los que atravesaba el ente político.
    Parece inexplicable la desestructuración que se presentó en el cuerpo de la sociedad, pero todo tiene una aclaración, si tenemos en cuenta que la vertebración de lo social residía en el Estado, al romperle, por parte del mercado y sus ideólogos, la directriz, su fortaleza se debilitó, la gestión se enredó en asuntos administrativos, el discurso no tuvo presencia en la sociedad, dado que todo lo que prometía o asumía como compromiso no lo pudo corroborar en la práctica y cada día su desresponsabilidad social fue mayor.
    Desvertebrado, sin discurso, carente de recursos por la venta de sus activos, con ámbitos de su competencia disputados por organismos internacionales y el mismo mercado, el Estado se fue hundiendo en la mayor crisis que haya vivido en la historia. Aunado a todo esto, la sociedad se fragmentó, se sentía que no existía una forma orgánica de representación que la defendiera o le sirviera de mediación entre sus demandas y los referentes institucionales; esto provocó que los distintos actores buscaran formas alternativas de representación, muchas fueron las experiencias de auto representación, otras las alianzas convergentes, nuevas prácticas políticas, fragmentación social de segmentos sociales excluidos, que optaron por el reconocimiento adscriptivo y sobre ello vehiculizaron sus demandas.
    Indígenas, minorías sociales, discapacitados, mujeres, buhoneros, sin techo, sin tierra, sin trabajo, piqueteros, ollas populares, desempleados, jubilados, cocaleros, lesbianas, gay, jóvenes indígenas, entre otros, fueron parte del nuevo mapa actoral que llenaron los escaques del ajedrez nacional y latinoamericano.
    Desdibujado, desvertebrado, sin recursos y sin la posibilidad de rehabilitar el lazo social que lo unió por años con la sociedad, el Estado quedó a merced del enemigo mayor, el Mercado. Las deficiencias que mostraba en su accionar las pretendió asumir el coloso de la oferta y la demanda, solamente que, esta vez el mercado no pudo contener ni ofrecer nada nuevo, debido a que su naturaleza es meramente económica, su virtud es de transferir y cristalizar la mercancía en dinero, su ideología es la libre empresa y su objetivo, obtener ganancias.
    Si tratamos de resaltar sus virtudes y buscamos insertarlas en la sociedad, con el objeto de que los individuos adopten una postura comportamental similar al mercado, se desnaturaliza la sociedad, los hilos asociativos se tensionan y rompen, las solidaridades se vacían de contenido, la confianza se deposita en el dinero y las reciprocidades desaparecen, viviríamos una sociedad altamente conflictiva y mediada por el interés económico.
    No cabe en la sociedad un intercambio de reciprocidades bajo la lógica instrumental costo-beneficio y cuando esto ocurre, la solidaridad se desdibuja, las reciprocidades quedan sin el interlocutor, los afectos se materializan y la deshumanización aflora.
    Fin de las comunidades
    La sociedad carente de afectos, de relaciones recíprocas solidarias, vacía de lazo social, se ahoga en un mar de confrontaciones, de disputas, de discrepancias que desechan el diálogo y privilegian la descalificación y exclusión, provocando con todo ello la violencia.
    La sociedad que asume como lógica comportamental la competencia, el individualismo, la maximización de las ganancias y la satisfacción cristalizada en dinero o lucro, arriba a un estado de darwinismo social, de competitividad desleal, uso de artificio de guerra para alcanzar logros económicos y, lo peor de todo, a existir en un estado de permanente hostilidades, donde el botín sea el lucro, los objetos de valor, el hedonismo, el consumo y la degradación humana.
    Esto es lo que ha provocado el mercado al pretender asumir el papel de rector de la sociedad, a sabiendas de que su naturaleza no es social; pretender realizar las tareas que el Estado venía desempeñando era no sólo un reto, sino un adefesio, lo hizo y estimuló la crisis valórica, existencial y social que nos sorprende en el Siglo XXI.
    La competencia y la mercadotecnia sembrada como enclave del mercado en el cuerpo social, destruyó las relaciones sociales, impidió que viéramos al otro como elemento de complementariedad, discriminó al que posee menos destrezas o capacidades, minimizó al discapacitado, empotró la belleza occidental como parámetro de medición, estableció modelos de certificación homogéneos sin importar las diferencias, impuso un pensamiento único y regó con su prepotencia el jardín de la exclusión y la autoexclusión, siendo esto último todo aquel que al verse imposibilitado para competir bajo las reglas del mercado, se margina y descarta; situación que propició la emergencia de la ley de la jungla.
    Esta directriz de la exclusión imprimió el sello de la competencia interindividual, los grupos se alinearon para controlar y ejercer el poder, las solidaridades se cambiaron por filantropías, las mediaciones intersubjetivas fueron alteradas y suplidas por mediaciones electrónicas, el discurso verbal se transformó en el mensaje digital, la imagen remplazó la palabra, la acción colectiva cedió el paso a los actos espectaculares y osados; la razón fue canjeada por la fuerza, el amor se obtuvo por dinero y no por afecto, se delegaron las responsabilidades sociales a centros de información y oficinas especializadas, el saber dejó de reproducirse bajo el paraguas de la discusión y se concentró en cifras y datos que se institucionalizan en el mundo virtual; la constatación no es tarea de un investigador, sino el impacto y el valor que le asigna el mercado a la teoría o supuesto argumento que se verbaliza o escribe.
    Una sociedad con esta estructura ósea no es un conjunto humano perdurable, la competencia, la individualidad y la lógica instrumental de costo beneficio le transfieren un peso significativo a la violencia, porque es el juego donde las reglas no existen, todo es permisible.
    De tal manera que la criminalidad quedó suelta, sin atadura alguna al momento que el Estado renunció a sus facultades de fuente de derecho para ejercitar la violencia; se confundió la idea de libre mercado con libertad para hacer y dejar pasar, todo esto conllevó a que el crimen creciera, se incrustara en la densa capilaridad social, retara a las instituciones endebles del Estado encargadas de impartir justicia y contrarrestar el desorden violento, entró en los ámbitos de gobierno, de cuerpos policiales, compitió con el Estado y se adueñó de los escaques de la sociedad.
    Crimen y mercado
    En los años de apertura del neoliberalismo, el crimen organizado encontró mejor coyuntura y mayor oportunidad para hacer grandes negocios, dado que el mercado, en su afán de expandirse y obtener magnificas ganancias, abrió puertas y ventanas al lavado de dinero vía el sistema bancario, también aparecieron formas inverosímiles de hacer rotar el dinero y cambiar los dólares en pesos nacionales en los nuevos negocios, negocios intercambiables, quiebras ficticias de empresas, paraísos fiscales, casas de cambio de moneda extranjera, comercio ambulante, mercancías de contrabando, transferencias bancarias, remesas internacionales, compra de activos inexistentes, empresas fantasmagóricas, cadenas de almacenes entre otros.

    Estos negocios, amparados en la comunicación digital satelital no son susceptibles de control alguno, más si el sistema de comunicaciones espacial está en manos de agentes privados. Sumémosle a todo esto, la corrupción que sembró el mercado dentro de las instituciones estatales, puesto que la carencia de recursos para habilitar la acción estatal y los programas de gobierno, sin supervisión civil, doblegó a gobernantes ante el poder del dinero, dejando circular la corrupción, la impunidad y el arreglo de leyes a favor de los agentes del mercado.
    El crimen organizado amplió las redes de acción y especializó el trabajo que le redituaba mayores ingresos, así que los tres rubros más importantes fueron: Narcotráfico, tráfico humano y de órganos, involucrando, en estas tres principales prácticas una infinidad de situaciones y organizaciones sociales que abarcan diversos ámbitos de la sociedad y del Estado. Bajo esa trilogía, se fue tejiendo otra densa red de tráfico de armas, pornografía infantil, redes de prostitución internacional, falsificación de documentos oficiales, pirateo de libros, cd de música, video, imágenes, robo de automóviles, secuestros, contrabando de mercancías, entre otras., todas ellas constituyen una trasgresión a las normas establecidas y la consiguiente desaprobación social, lo que genera acciones y actos de corrupción y violencia extrema.
    La delincuencia organizada, a diferencia de la practicada por el delincuente común, requiere para su reproducción y éxito de un conjunto amplio de actores e instancias gubernamentales y privadas que dan sustento y protección a las distintas esferas de la ilegalidad, del mercado negro y de las consecuentes ramificaciones de la economía ilegal.
    Dentro de la urdimbre de elementos que dan forma y sentido al crimen organizado, cubriéndolo por momentos con un manto de legalidad, podemos enunciar los siguientes:

    El entramado del crimen organizado

    Drogas: Aduanas, aeropuertos, militares, policías, gobierno local, regional y nacional, empresas de aviación, mensajería y paquetería, bares, cantinas, discotecas, tiendas de abarrotes, venta ambulante, taxis y transporte público, escuelas, clínicas de desintoxicación, terapeutas, farmacias, gasolineras y sistema carcelario.
    Pornografía infantil: Bares, cantinas, medios de comunicación, cine, Internet, discotecas, escuelas primarias y secundarias, tiendas de ropa, televisión, joyerías, venta de autos, aduanas, migración, militares, policías, gobiernos local, regional y nacional, iglesia, casas de atención de niños desprotegidos, clínicas privadas, cuerpo médico, líneas de aviación y ambulantaje.
    Trafico de órganos: Clínicas de especialidades, equipo médico y humano, industria farmacéutica, aduanas, agencias de aviación, militares, policías, gobierno en los tres niveles, distribuidoras de empaque de órganos humanos, migración y ambulancias.
    Tráfico humano: Empresas contratistas, fabricas, tiendas de autoservicios, talleres, maquilas, bares, cantinas, centros de prostitución, líneas aéreas, transporte publico, aduanas, migración, militares, policías, gobiernos en los tres niveles, empresarios, instituciones de registro civil, centros educativos, servicios de edecanes, sistema carcelario, conflictos políticos.
    Criminalidad: Cuerpos policiales y del ejercito, cárceles, gobiernos en los tres niveles, empresarios, comercio informal, venta clandestina, narcotráfico, sicariato, paramilitares, policía privada, comercio ilegal de armas, bancos, casas de cambio, transporte colectivo público, sistema educativo, bares, cantinas, tiendas de autoservicio, talleres, maquilas, finqueros y terratenientes, agricultores potentados y la industria del secuestro.
    La criminalidad exacerbada se abre paso por razones específicas, siendo algunas de ellas, la renuncia expresa del Estado para ejercer el monopolio de la violencia institucional,
    Miedo, Seguridad y Mercado
    Con el mercado pautando los trazos más generales de la sociedad en lo que atañe a sus aspectos comportamentales, incentivando el consumo como un derrotero para obtener estatus, dado que en los últimos treinta años no se avizoraba un movimiento vertical en la escala de movilidad social, el hedonismo asumió el carácter de auto promoción social del consumidor, si visitaban con mayor frecuencia el mercado y te hacías adicto a el.
    El mercado en su apogeo, no tiene miradas hacia otro lado, no le importa si existen segmentos de población carenciados, debilidad institucional o altas tasas de consumo de drogas o criminalidad, mientras el ciudadano derroche su dinero y lo que compre sea mayor que lo que ahorre, hay éxito en los negocios.
    El problema surge cuando la ola de criminalidad asusta a los consumidores, ahuyenta a los potenciales compradores, encarece los productos y desordena las coordenadas de las ganancias, ahí el mercado y sus adláteres mediáticos, gritan y piden justicia, libertad y seguridad.
    El tema de la seguridad ya no es un asunto importante en la agenda del Estado, sino un tema recurrente del mercado. El Estado, desde hace ya unos años, se ha desinteresado de la seguridad ciudadana, en la configuración urbana de las ciudades latinoamericanas, hemos podido observar cuantas áreas de nuestras poblaciones son desprotegidas y han sido desamparadas a su suerte ante el crimen organizado.
    Existen, en los países de baja criminalidad, 4 policías por cada mil habitantes; en el área centroamericana el promedio es de 1.6 por cada 1000 (Córdova y Pérez, 2006); a esto agréguele el corolario que la policía se congrega en la capital y zonas del centro o comercio, dejando en la penuria y desprotección a las zonas marginadas y sectores medios populares. La razón que se esgrime para custodiar esas zonas que el comercio requiere protección de la mercancía y sus clientes que lo visitan, los barrios populares y zonas marginadas, son el reservorio de la delincuencia, por tanto ahí no hay que ir a custodiar, sino a aprehender.
    La argumentación de salvaguardar el mercado y relegar a los sectores populares y marginados, es el uso del miedo y los imaginarios de exclusión, los cuales son dos caras de la misma moneda, que el mercado ha colocado en varios escenarios de la sociedad, principalmente en el mundo de lo urbano, porque ahí reside el 75% de los habitantes de América Latina, se concentra el 100% de la rotación del comercio, se anclan las empresas de servicios y de producción, se aglomera el 85% de los automóviles, el 99% del dinero y entidades bancarias, el 85% de redes de hospitales, clínicas y centros de salud; el 18.5% de centros de recreación y consumo; la densidad de la red vial y la sede de los gobiernos en sus tres dimensiones, federal, regional y local.
    Situar el miedo dentro de la ciudad es privatizar algunas zonas de lo urbano, encerrar a los pobladores y vender la idea de que las comunidades no se hacen, sino que son susceptibles de obtenerse a través del dinero, porque los nuevos proyectos de “comunidades urbanas cerradas”, ofertan la idea que podemos seleccionar, escoger y costear la comunidad que deseamos y a la cual queremos pertenecer, casi igual a tener el derecho de pertenecer a la sociedad que quiero en función del poder adquisitivo, restándole todo lo preexistente que trae una comunidad y lo peor aun, negar la historicidad y la comunión de biografías que en ella se entrelazan y arman las tramas de solidaridades que reproducen los hilos asociativos y a la sociedad misma.

    El miedo también obtuvo un socio que lo promocionó de manera permanente y efectiva, los medios de comunicación, a partir de los años noventa hasta la fecha, la prensa, radio y televisión cambió el léxico y trajo a colación un cúmulo de palabras que exacerbaron los miedos. Los relatos periodísticos sostenían metáforas que magnificaba el acto delictivo, tales como “0la”, “Escalada”, “espiral” de la violencia delictiva. En las horas de noticieros nocturnos las palabras “amenaza criminal” e “indefensión ciudadana”, aderezadas con uso de calificativos que reiteran la imagen y los estados de ánimo durante y después de vivir una experiencia como victima: brutal, espeluznante, terrible, fatídico, sorpresivo, sangriento, despiadado y feroz, para señalar a los delincuentes o el hecho por ellos creado.
    Para el caso de la victima, sacan a relucir los sustantivos: pánico, terror, miedo, conmoción, humillación, violación, y dolor.
    Lo que vale la pena resaltar, es la manera en cómo el mito, la falsedad la posicionan como verdad, ya que la mayoría de las veces el trabajo periodístico que alimenta el miedo no cuenta con los recursos empíricos ni las pruebas necesarias para justificar la propaganda que ellos desatan, sin embargo se escudan en el rumor que adquiere otra dimensión en la subjetividad colectiva cuando lo disfrazan con palabras : trascendió, los vecinos del lugar, los familiares de la victima, etc., cuyo fin no es denunciar el crimen o delito, sino exhibir a la victima con su dolor, mostrar públicamente el ultraje y la vulneración del cuerpo afectado.
    Indudablemente, el discurso amedrentador, magnificante y de omnipresencia del delito, reduce el tamaño cualitativo de la ciudadanía, la ensombrece y la reduce a una simple víctima que adquiere forma en cifras y relatos grotescos; asimismo procrea una ciudadanía pasiva, pusilánime, sin voluntad por opinar ni participar en la solución de los problemas por el riesgo que ello trae, dejando que el Estado y sus gobiernos actúen, solicitando aún la mano dura, aunque ello traiga como consecuencias encerramientos en sus casas o pérdida de los espacios de la vida privada.
    Lo importante para el mercado no es el miedo en sí como problema que dota a la ciudadanía de temor e inseguridad; sino que oportunidades de negocios hay en esa nube envolvente de la inseguridad personal y justo ahí los inversores de la industria inmobiliaria exploraron esa veta y obtuvieron jugosas ganancias. Bajo el toldo del miedo, y la coadyuvancia de los medios de comunicación, se ofertó la imagen de la seguridad, el bienestar y resarcimiento de la comunidad dentro de la ciudad, a través de emprendimientos cerrados, que tenían como soporte tres pilares: Seguridad, Naturaleza y calidad de vida. Era un invento privado, promotor de la segregación y alimentador de la bonanza del mercado.
    Miedo y exclusión urbana
    Este nuevo producto ofertado por el mercado, lleva en su seno varias aristas, muchas de ellas no podemos explicarlas en este corto artículo, sin embargo señalemos algunas de ellas que incidieron profundamente en la ciudadanía, en la configuración urbana y en materia de seguridad.
    La segregación redistribuyó a la población urbana y reorganizó el suelo urbano; dio paso al espacio diferenciado ocupado según el nivel de ingresos, tipo de vivienda y equipamiento urbano; asimismo tensionó a la ciudades en tres polos: un polo peri urbano exclusivo para sectores que gustan de la privacidad, cuentan con recursos para comprar seguridad y elegir el tipo de ciudad que quieren o imaginan, sus espacios son fluidos, protegidos y de movilidad expedita y por las distancias requiere de automóvil.
    El segundo polo es una vuelta a los centros, pero esta vez remodificados, signados con un valor cultural e interpenetrado por el mercado-consumo-cultura-habitacional, dando como resultado un lugar de mucha tensión entre los segmentos sociales que concurren en él, dado que los clasemedieros ven en los segmentos populares un riesgo de popularización del espacio, a pesar de que es el centro un atractivo donde cohabitan y concurren diversos actores de distintos estatus, el nuevo habitante de clase media pide y exige seguridad, crea un nosotros selectivo y sobre los escogidos descansa su red dialógica.( Mongin,2006)
    El polo que queda, el tercero, es el lugar que nadie escoge para vivir, porque está forzado a vivir en el, su condición de relegado le permite relacionarse y dialogar sólo con los habitantes de su medio, la comunicación con los habitantes del polo peri urbano y del centro rehabilitado, está descartada, no lo aceptan y está confinando a su lugar, por lo que los lazos sociales se establecen entre excluidos, asimismo su reproducción social se da entre ellos mismos, lo que prolonga la agonía de no ver de cerca la posibilidad de movilidad social.
    Observamos entonces tres polos que reconfiguran la nueva ciudad, indudablemente que en cada espacio descrito hay una percepción del miedo distinto, en el peri urbano, el temor adquiere dimensión humana y está recreándose en el polo de exclusión; lo mismo piensa el habitante del centro reciclado; en los confinados en la pobreza, el miedo está en los represores, la policía y los militares. Sin embargo, los miedos que mayor divulgación tienen son los que expresan los ciudadanos que pueden consumir, los que tienen acceso a los medios y a los foros, espacios que están vetados para los relegados.
    En el triangulo de los tres confinamientos urbanos, se re-crean sendos imaginarios estigmatizados, cada uno porta el que le construye el vecino o el otro; aparecen tres imaginarios, el consumidor elitista, el mediano consumidor que pugna por pasar al estatus de pudiente y no puede logarlo, pero a su vez teme de popularizarse; y el imaginario del pobre que delinque, consume drogas, perezoso, irresponsable y que todos sus actos están al margen de la ley.

    Sobre el imaginario del pobre confinado en la miseria, se levantan los programas de seguridad pública urbana, porque es el segmento que:
    No cuentan con seguridad laboral
    Gozan de pocas destrezas y habilidades para la educación formal
    Tienen dificultad para contraer responsabilidades y nuevas relaciones sociales con los demás
    Son proclives a la violencia para resolver las diferencias
    Por irresponsables trabajan en la economía informal
    Tienen conducta agresiva y no cuentan con documentos de identidad
    Son resignados a la pobreza
    No les interesa salir de los espacios de exclusión

    Una vez construido el enemigo de la seguridad ciudadana, el criminal pobre, el Estado, en medio de su penuria económica pero resuelto en su papel de guardián del mercado, ha sacado a relucir dos programas que hasta ahora han criminalizado la pobreza y poco a poco han desmantelado la estructura que cobijaba de derechos a los ciudadanos.
    Mano Dura y Militarización en las calles, han sido las dos respuestas que el Estado ha dado para responder a la desestructuración social, económica y política que vivimos. Ya en las palabras preliminares del presente artículo dibujamos el gran compromiso que tiene el Estado, sin embargo no lo asume y descarga su responsabilidad a otros agentes y actores, en este caso, al crimen organizado, que es un concepto amplio, laxo, sin precisión y que no alude quien es el motor de este crimen organizado, pero lo persigue sin éxito alguno.
    Los programas donde el ente político convoca a la ciudadanía a combatir el crimen porque este es un fenómeno, en palabras de los gobernantes, “que atañe a todos”. Justo en este momento abre el compás, las compuertas ceden y el mercado legitima la delincuencia. Al instante que se convoca a la ciudadanía, deja el camino expedito para que agentes privado, corporaciones del mercado, mercenarios, paramilitares, sicarios y agentes del mercado detecten la oportunidad de lucrar con el crimen.
    Ante esta mancomunión, Estado-Mercado unidos para combatir el crimen, las leyes se flexibilizaron, el Estado compartió la portación y uso de armas con agencias privadas, justificó las policías empresariales, las oficinas de espionaje, la infiltración en la vida privada, la intervención de comunicaciones privadas y lo peor de todo, el control privado de la comunicación satelital, quedando a merced del mercado y sujeto a los monopolios informativos y bancos de datos.
    Con estas ventajas, el mercado dio rienda suelta al crimen organizado, aceitó las avenidas del circuito del mercado para que transitara el crimen, la delincuencia y el narcotráfico sin control alguno, reduciendo a su mínima expresión al Estado en el control de la inseguridad pública y sometiéndolo al imperio del mercado.
    Otro fenómeno coadyuvante que consolida la criminalización de los pobres, es la apertura indiscriminada a las empresas privadas de seguridad, cuyo peso en la custodia y co-participación en los asuntos de seguridad pública es notable, a partir de la renuncia paulatina que el Estado ha hecho del uso monopólico de la violencia legítima y la ha cedido a los inversores privados, por lo que hoy día estas empresas cuentan con personal con formación militar y son los encargados de custodiar los bancos, casas de bolsa, representaciones diplomáticas, empresas transnacionales, oficinas de consultorías y seguros; asociados con la policía nacional, la red de policías regional y el ejercito han conjuntado esfuerzo, intercambian información y llevado acciones para criminalizar y reprimir a las pandillas conocidas como Maras, los campesinos que se resisten a la construcción de represas o que intentan bloquear caminos, zonas francas o carreteras.

    Las cifras que mostramos nos parecen conservadoras, porque no hay un registro oficial centralizado, pero en Guatemala existen 80,000 hombres armados de policías privados; El Salvador cuenta con 20,000, Nicaragua registra 9,017, Honduras registra formalmente 40 mil, pero el ministerio de defensa asegura que rebasan los 60 mil y Costa Rica 18,000.
    Entre 2003 y 2005 la policía en el área cambió su modelo de actuación, asumiendo un comportamiento de corte militar que le convierte en un cuerpo polimilitarizado; ahora bien, los mecanismos de atención al crimen y al delito se hacen bajo los preceptos del programa” Mano Dura”, cuya finalidad es criminalizar todo acto que atente contra la idea de gobierno, acentúa la autoridad ante el dialogo, combaten el desempleo, la indigencia, los grupos de jóvenes y trabajadores ambulantes bajo el paraguas de represión y cárcel para todo aquel que aparente ser un peligro para la seguridad ciudadana o competencia desleal contra el comercio formal, violentando los derechos humanos y sembrando el miedo y el terror entre los sectores marginados.
    Ahora bien, los miedos requieren, para percibirse como estado de vulnerabilidad, un referente, un objeto al cual hay que temer, porque no existe el miedo etéreo, volátil, omnipresente y general, porque sería ya un caso de patología individual, de inseguridad o crisis de personalidad.
    Los miedos no constituyen un sentimiento meramente cuantificable ni una problemática a abordar aisladamente sino que se integran a una compleja trama de experiencias de la condición humana; entonces, el miedo constituye un sentimiento fundamental en la especie humana, se manifiesta en el recelo ante la posibilidad de que ocurra un peligro imprevisto, se evidencia ante una amenaza real o imaginaria que obviamente es vivida como real.
    Por lo anterior, puede expresarse, el miedo, en el susto puntual ante un acontecimiento apabullante, una presencia no deseada y/o derivar en una gama de comportamientos que se reiteran y tienden a que los sujetos experimenten actitudes de parálisis, aislamiento y hasta de evitación de contactos con el mundo exterior, que es imaginado en su totalidad como amenaza. (Entel, 2007)
    El miedo al que nos referimos es el que cuenta con un objeto que lo alimenta, lo amedrenta y lo sitúa en un lugar donde el ciudadano no lo ve, pero lo percibe, lo intuye y lo re-crea en su imaginación, cuando cumple este proceso de re-creación lo cambia, lo modifica o altera, traduciéndolo en un miedo que tiene referente y justo ahí, en esa mezcla de percepción y devolución a la realidad, da paso a los procesos de estigmatización, ya que encuentra el culpable, libera el miedo y lo coloca en el potencial agresor.
    El mercado, como epicentro de la sociedad, no genera estabilidad ni certidumbre, vomita sobre el amplio cuerpo social la mayor incredulidad y constantemente volatiliza la seguridad, porque la innovación de sus productos, acompañados de la mercadotecnia compulsiva, sostiene una permanente tensión entre ciudadano consumidor y satisfacción, donde lo nuevo que emerge en el mercado siempre es mejor y debe remplazar lo que tienes o anteriormente compraste
    Los miedos personales y sociales, que en su mayoría están ligados al mercado, es interesante destacar como se interpenetran y provocan una producción excesiva de imaginarios de exclusión dentro de las ciudades latinoamericanas. Tomemos como referencia la investigación realizada en la Universidad Nacional de Paraná, Argentina, cuyo objetivo fue indagar sobre los imaginarios de miedo y sospecha en la ciudad de Paraná, en dos barrios, Las Flores (extracción popular) y Villa Sarmiento (de sector medio).
    Los sectores populares situaban el miedo en: Inseguridad, robos, no tener qué comer, no tener trabajo, no poder asistir a la escuela, que los hijos consuman drogas, que puedan enfermarse, que las aguas dañen la casa.
    Los sectores Medios: Asaltos, que no haya trabajo, que mis padres queden sin trabajo, que mis papas no me puedan ayudar con los estudios, que perdamos lo poco que tenemos, las crisis económicas. (Entel, ob.cit.)
    Si vinculamos cada uno de los conceptos expresados por la encuesta con el mercado, todos están ligados de manera formal o ilegal, como lo ejemplificamos en entramado del crimen organizado, demostrando que el mercado libre, soberano, autónomo y sin regulación alguno por parte del Estado, es la mayor fuente de riesgo, incertidumbre y temores en nuestras sociedades latinoamericanas.
    Criminalización de las ciudadanías críticas
    La violencia desatada, los referentes institucionales desarticulados y casi difuminados, perdidos en la densa nube de la impunidad y la complacencia, los dispositivos de poder del Estado anulados y sin capacidad reactiva ante la modernización del crimen organizado y el uso cada vez mayor de nuevas tecnologías para delinquir, provocó un abandono, por parte del Estado, hacia la sociedad, cuyos puentes dialógicos entre la esfera de lo civil y lo político se rompieron, los gremios representativos se vieron envueltos en la incertidumbre y la perplejidad, debido a que en el mundo de lo simbólico están cada vez menos unidos y en consecuencia más heterogéneos.
    Indudablemente que esa dispersión que se produce por la diáspora del mundo simbólico que nos hace pensar sólo en el presente y bajo este paraguas pretendemos obtener los satisfactores necesarios para sobrevivir o rescatar los derechos y recursos negados o expropiados. Bajo esta lógica, que contraviene la racionalidad del mercado, se ha presentado el choque de visión y de proyectos políticos; por una parte el mercado tratando de eliminar las conquistas de los trabajadores hasta dejarlos en un estado de indefensión absoluta, y por otra parte, los ciudadanos en riesgo que se aferran a defender sus derechos y confrontan en las calles a través de las movilizaciones, protestas, corte de rutas, toma de oficinas y recuperación de empresas y fabricas quebradas.
    La ciudadanía activa se asume como sujeto defensor de sus derechos, se aglutina alrededor de sus demandas y apela al efecto de auto convocación para que otros actores en el mismo estado de sometimiento por el mercado, se sumen y armen arcos convergentes por una causa común, la lucha por el trabajo, la seguridad social, la educación, vivienda digna y el estado de derecho.
    Estas son las ciudadanías críticas, las que salen a las calles, las que traman redes solidarias, arman discursos alternativos, asocian intereses, retoman a la política como eje vertebrador y reclaman al Estado que retome su función y resuelva lo que el mercado descompone y distorsiona. Así la calle se convierte en el espacio público idóneo para recibir a las ciudadanías contestatarias, sus demandas cargan de sentido al espacio transitable en la medida que los distintos y diversos actores políticos sitúan en ellas sus demandas y alianzas; las calles se nutren con otras movilizaciones para agregar y desarrollar nuevas acciones colectivas. En ese agregado no sólo concurren los actores vinculados directamente con la demanda, sino otros que ven en el vínculo la oportunidad y la necesidad de abrazar una acción que vaya marcando un arco convergente, de ahí que autoconvocados sean gran parte de los actores que ocupan los espacios públicos.
    Claro está, el Estado, en las condiciones en que se encuentra, es poco lo que ofrece y nada lo que puede hacer ante el alud de demandas, cuadriculadas en un mapa actoral múltiple y con distintas vertientes ideológicas y variedad de formas de comportamiento político que desdibuja a cualquier interlocutor que se ponga enfrente de tantas demandas, por ello, ante las presiones de las masas, recurre a la criminalización de las protestas.
    Búsqueda de culpables
    El mercado, agente promotor de la descomposición y principal impulsor de la desestructuración de las tramas de solidaridades dentro de la sociedad, ha debilitado los pilares de la integración social, ha erosionado los vínculos de confianza mutua, también ha roto los andamiajes de las representaciones colectivas y desmantelado todos los factores que dan fortaleza institucional.
    Ante semejante escenario desolador y el peligro de que ocurra un vaciamiento de los contenidos básicos de la reproducción social, el mercado busca culpables y elude toda responsabilidad ante el caos que vivimos. Por una parte, recurre a los medios de comunicación, vehículo ideológico que publicita la libertad y libre competencia, para que asuma el control de las fuentes de la incertidumbre y transfiera el costo a la sociedad, principalmente a los jóvenes, las mujeres, los pobres y excluidos.
    Los medios de comunicación abren el abanico de las constelaciones imaginarias y distribuyen el costo de la crisis social de manera equilibrada, de tal manera que los inversores, los socios capitalistas, los grandes comerciantes, los especuladores de bolsa, los agiotistas, y demás agentes del mundo de las finanzas, no pierdan un centavo, antes por el contrario, buscan la forma y la oportunidad de hacer de la adversidad un gran momento de nuevos negocios.
    Los imaginarios van dirigidos a cada segmento social y, en algunos casos, a actores específicos, toda vez que algunos de ellos, por su comportamiento contrario a los intereses del mercado, tuercen los caminos y se colocan en punto de confrontación.

    Entonces tenemos que el número de imaginarios construidos a través de los medios de comunicación, están en función de los enemigos que ellos construyen ideológicamente, es así que para todo aquel que intenta revertir la lógica del mercado y cuestiona las bases del modelo neoliberal, es Terrorista; para los activistas políticos que cortan rutas, toman oficinas, bloquean calles y cierran negocios, son terroristas o infiltrados del populismo radical; si aparecen voces que reclaman mejores salarios, condiciones de trabajo seguras y respeto a sus derechos, son izquierdistas.
    En lo urbano, si el incremento de robos, asaltos, robo a casa habitación, despojo de prendas, asalto a comercios establecidos, guardan una tendencia incremental, los culpables son los jóvenes, los pandilleros, habitantes de sectores marginales, cholos, vagos, delincuentes o consumidores de droga.
    Si la inseguridad llega a circuitos más intolerantes como secuestros, homicidios, desaparecidos, trafico de niños, rapto, pornografía infantil, confrontación armada, es el crimen organizado.
    En el plano más amplio de la sociedad, hay que temer a los tuertos, mancos, cojos, vendedores ambulantes, jardineros, veladores, indigentes, mal vestidos, gay, lesbianas, discapacitados y aun más, los que no guardan los parámetros de la belleza occidental como posibles agresores potenciales que fisuran la tranquilidad de la sociedad del mercado.
    Cada quien tiene un imaginario delictivo que le asignan los medios de comunicación y éstos responden a los dictados de los agentes del mercado, porque en esa trama de imaginarios inventados se abren nuevos negocios, el cuadro de oportunidades crece, la ciudadanía se encierra, se encapsula y rompe toda posibilidad dialógica, crece el aislamiento y la eventualidad de un movimiento que trastoque las bases del mercado es cada vez mas remota.

    Estos imaginarios cumplen la función de exclusión dentro de la sociedad, sin necesidad de que se note la mano que los manipule, dado que los medios de comunicación aparecen como la voz de alerta que te acompaña en los momentos de miedo y temor.
    Si existe miedo, se vive con la incertidumbre pegada a la vida y alejada de toda posibilidad de hacer vida comunitaria, porque cada vez que lo hace, el riesgo aumenta. La fragmentación, el alejamiento de los espacios públicos de deliberación y convivencia, la necesidad de estar ligados a la televisión para recibir la información visual-emotiva permanente y mantenerse preocupado por contratar un seguro de vida, la búsqueda de protección en compañías de seguridad personal, son los objetivos que busca el mercado y por ende los medios de comunicación, así hacen presa fácil y confinan a los ciudadanos a un espacio controlado.
    El mercadeo del miedo surte sus efectos y nos presenta una ciudadanía fragmentada y temerosa ante un mundo violento construido desde el poder político y mediático, que pugna por imponer el auto recluimiento, la desmovilización y el silencio.
    En sociedades atemorizadas por el miedo, como acontece en América Latina, los ciudadanos cada día están dispuestos a perder una cuota de libertad si ése es el precio de la seguridad. Esto nos hace pensar que la novela de Georde Orwell, 1984, donde describe la casa de Londres, vigilada por 32 cámaras de seguridad, está sirviendo de modelo para el nuevo mundo que se pretende construir, sujeto a sofisticados satélites de vigilancia, dispositivos de reconocimiento biométrico, cámaras de seguridad de alta definición, bases de datos personales que detectan códigos genéticos, pequeños aparatos voladores con capacidad para registrar el menor movimiento de los habitantes de nuestras naciones.
    ¿Anticipamos desde ya la instauración de sociedades acechadas que ponen fin a la tradición liberal de la “Libertad y Democracia de Occidente”?
    ¿Es el fin de la utopía liberal de las libertades individuales?
    ¿Se agotó el tiempo y la tolerancia para aceptar que los ciudadanos tengan la libertad pensar y reunirse con quien le parezca? ¿Podrá existir la democracia encarcelada? ¿Para qué quiero libertad si soy vulnerable? ¿Hasta donde puedo ser dueño de mi privacidad?
    Estas interrogantes no tienen respuesta hoy día, la tendencia nos señala que por el momento hay que priorizar la seguridad de los gobiernos, el mercado y las vías públicas, a cambio de perder la libertad que apenas intentábamos disfrutar.
    Se habló del fin de las dictaduras, las bienaventuranzas del mercado, el adiós a los golpistas que desolaron el cono sur; el fin de la guerra mezquina en Centroamérica, de las bondades de la globalización con sus alas de libertad ampliada, el intercambio de mercancías y hasta human a escala megauniversal, pero ese panegírico se agotó raídamente y la realidad lo priva de su elocuencia al aparecer el informe global de la organización británica Privacy International, correspondiente a 2007, "la tendencia de los gobiernos a archivar cada vez más información sobre sus ciudadanos y residentes se afianza en todo el mundo": "No hay duda de que avanzamos hacia modelos de mayor control ciudadano", (Seminario F., 2008); sin embargo el esfuerzo no se queda en Europa, la tendencia es mundial y en el proyecto de la Oficina Federal de Investigaciones de Estados Unidos se propone ir un poco más allá todavía: a un costo de unos 1000 millones de dólares, prevé incorporar en una gigantesca base de datos información biométrica de cada uno de los ciudadanos, a fin de poder establecer la identidad de las personas a partir de rasgos físicos como la palma de la mano, el iris, cicatrices y otras particularidades. (Ídem)

    El panorama es sombrío, no se alcanza a divisar quien podrá construir un nuevo control al desarreglo que está montado sobre el horizonte de la sociedad del Siglo XXI; la seguridad se ha privatizado, el Estado aparenta no poder mantener el ritmo a las necesidades (reales o inventadas por un mercado siempre ávido) y a las demandas de protección de los ciudadanos. Probablemente porque cada día que pasa parece ser menos claro y obvio qué cosas son peligrosas e inseguras, qué situaciones necesitan estar bajo control y qué situaciones no. Distribuir miedos es también sembrar el campo fértil de la industria de los dispositivos de seguridad, no cabe duda. Los peligros innombrables y los riesgos impensados pero latentes que anuncian los astutos vendedores crecen, siempre, a la sombra de la desidia estatal (Gutierrez, 2008) pero bajo el paraguas de la voracidad del mercado que lucra con el miedo, el terror, la miseria, el hambre, las guerras y hasta con la vida en peligro del planeta.

    Bibliografía.

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    13. Wacquant Loïc, 2007. Los condenados de la ciudad. Gueto, periferias y estado. Siglo XXI, Argentina.

    Robinson Salazar
    Doctor en Ciencias políticas y sociales,

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